Un historiador experto en moda, licenciado en Historia del Arte, que atesora un profundo conocimiento de la disciplina y de sus personajes más ilustres.

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Libfly jeans-@laguiademoda

Nos reunimos con Carlos en la sede de la escuela de diseño Estación Diseño, su espacio diario de desempeño profesional. Un edificio moderno, de líneas sencillas, pero en el que el diseño se encuentra muy presente tanto en el exterior como en su interior. El ambiente creado por la multitud de estudiantes que charlan y trabajan en los espacios habilitados -¡incluso en las escaleras!- definen, junto a la interesante exposición de sus trabajos, un entorno de creatividad y labor que invita a participar. Su despacho/estudio ya nos da pistas de la variedad de intereses y prácticas que atesora; intentaremos conocer, también, lo que no se ve a primera vista.


P. Carlos, por favor, cuéntanos tu trayectoria profesional.
R. Mi carrera profesional la he dedicado a la docencia. Me licencié en Historia del Arte y luego estudié diseño gráfico y, aunque me especialicé en diseño editorial, siempre me he dedicado de forma profesional a la docencia, aunque haya hecho algunos trabajos de diseño. Empecé como profesor de diseño gráfico pero mi pasión era la moda así que poco a poco me he ido adentrando en este mundo hasta el punto de que ahora mismo es mi especialidad. Actualmente soy co-director de Estación Diseño, Escuela Superior de Diseño de Granada, donde imparto clases –entre otras asignaturas como Historia del Diseño Gráfico, Historia del Diseño Editorial, Historia de la Ilustración, Historia de la Indumentaria– de Historia de la Moda, en la que más he profundizado.

P. ¿Porqué estudiar Historia del Arte? ¿Qué es lo que te llevó por ese camino?
R. Llegué a la Historia del Arte de una manera un poco rocambolesca. Siempre me había gustado y me detenía ante los cuadros que veía. Ahora he descubierto que lo que me llamaba la atención de las pinturas era la ropa de los personajes. Veo cuadros en los que recuerdo al detalle las vestimentas: las mangas, los vuelos, los escotes… aunque no recuerde el nombre de la obra.

P. ¿Cuáles son tus inquietudes personales y profesionales?
R. Ambas están ligadas al conocimiento. Me gusta muchísimo leer. Antes leía novela pero ahora todo lo encamino a tener más conocimientos, así que me decanto por el ensayo y los tratados: historia, diseño, arte… y en general todo lo relacionado con el  pasado. Me interesa cómo fue y me gusta transmitirlo. A nivel profesional me esfuerzo cuando enseño cualquier materia para que esté muy documentada. Me doy cuenta de que hay menos información de la que creemos y me esfuerzo en generar esa información que falta: llegar a mis propias conclusiones sobre cómo ha sido el pasado y contarlo. Cuanto más lees, menos intelectual te sientes y más piensas que te queda por leer y por saber.

P. ¿Nos puedes contar el proyecto profesional más importante que hayas realizado en la escuela de diseño?
R. Quizás mi proyecto más importante es la escuela en sí misma. En Estación Diseño somos un grupo de profesores que coincidimos en una inquietud, una desazón por cómo era una opción de diseño en cualquier área, así que decidimos establecernos por nuestra cuenta. Tenemos por eslogan que esto es una escuela dirigida por diseñadores. Este era nuestro objetivo y quizá dentro de la escuela uno de los proyectos más importantes es el área de moda porque en realidad ninguno veníamos del ejercicio de la misma. Lanzar esta área –que ahora mismo es una de las que más alumnos tiene y una de las que más nos ocupa– ha sido el reto más completo y complejo. La moda y el diseño gráfico tienen mucho éxito y demanda: en concreto la primera es la que más titulaciones tiene.
Queríamos diseñar un modelo docente diferente: por un lado, acorde con lo que creemos es el diseño y, por otro práctico –que elimina toda la morralla formativa o los conceptos caducos–. Una escuela que pudiera cambiar constantemente, que siempre se pudiera adaptar. Así,  todos los años modificamos los planes formativos.

P. ¿Crees que todavía quedan cosas por inventar en el mundo de la moda o piensas que siempre volvemos al pasado?
R. Quedan muchísimas cosas por inventar. Como profesor de historia de la indumentaria te diría que la moda es cíclica: siempre volvemos al imperio, al barroco…  pero queda muchísimo por inventar, sobre todo porque la tecnología actual nos está permitiendo hacer casi cualquier cosa. Podemos decir que el repertorio convencional está un poco más agotado, pero también tenemos otros diseñadores que apuestan por la experimentalidad, tanto en materiales como en procedimientos –por ejemplo la diseñadora Iris van Herpen con impresoras 3D–.
Otro campo sobre el que investigar –que tiene todo mi interés– es la sostenibilidad y el reciclaje. La moda tiene una asignatura pendiente en este sentido. Por tanto, hay un concepto que no me gusta nada, la obsolescencia programada, por la que la moda se destruye a sí misma: consiste en crear una tendencia y luego otra para que la anterior quede inmediatamente obsoleta. Pienso que la moda tiene que innovar en ese campo, encontrar soluciones más imperecederas y con materiales autoreciclables. Creo que la moda está caminando hacia ahí aunque queda muchísimo por hacer. Siempre me acuerdo de Rubén Gómez cuando hablo sobre este tema, compañero de la escuela que ganó el premio Samsung EGO Innovation Project 2015 por la creación de la colección Masdar Coats, compuesta por prendas inteligentes que se convertían en tiendas de campaña: llevaban incorporados altavoces, manos libres y placas solares por lo que podías utilizar el smartphone o tablet y estar conectado en todo momento.

P. Carlos, ¿qué estilo te define a la hora de vestir?
R. Muy funcional. Me gusta mucho la ropa, me encanta ver las prendas elegantes, armadas, encorsetadas… pero tiendo a la comodidad y a los colores básicos. Todavía me cuestan mucho los estampados aunque me voy atreviendo.

P. ¿Cuál es tu lado más humano?
R. Antes hablaba de la moda sensible y sostenible; en este sentido recientemente he descubierto que soy animalista. Cada vez entiendo menos la moda que afecta a los animales aunque no tengo prejuicios ni con las pieles ni con lo taurino. Mi lado más humano sea quizás esa sensibilidad hacia el medioambiente, hacia la naturaleza que nos rodea.

P. Como experto en moda, ¿crees que la moda masculina y la femenina tienen lo mismo que decir?
R. Deberían tener lo mismo que decir pero –de manera desgraciada– la moda masculina, especialmente en España, está muy  por detrás de la femenina en cuanto a libertad y en cuanto al público que la consume. A mis alumnos que quieren especializarse en hombre siempre les aconsejo que hagan mixto porque para concursos o pasarela si no llevas mujer están más limitados.

​La gente de Granada todavía no valora lo que vale la moda, entonces es muy difícil que aquellos que estudian moda se puedan quedar aquí haciendo un buen ejercicio de diseño a nivel profesional.

P. ¿Crees que la moda debe tener límites?
R. Mis límites con la moda son el buen gusto y el respeto. El buen gusto es subjetivo pero desde luego el respeto a otras culturas, al otro género, a las otras identidades sí que debe ser un límite. Nunca se ha de infravalorar ni insultar a nadie. Existe mucha moda reivindicativa que entra a despreciar otras religiones, otras culturas o el folclore y creo que esto debe controlarse.

P. ¿Qué ha supuesto Gabrielle Chanel para la moda?
R. Chanel libera a la mujer. No es la primera diseñadora de moda, porque costureras han existido siempre, pero es la primera que desde un alto standing en la moda libera a la mujer: introduce los tejidos deportivos y elásticos, las siluetas sueltas y viste bien a la mujer para ir a trabajar. Hoy precisamente estaba preparando una clase sobre una diseñadora que se llama Emilie Flöge, pareja del famoso pintor Gustav Klimt, que comenzó a diseñar veinte años antes de que Chanel lo hiciera aunque no comercializó su trabajo. Lo que Coco Chanel hizo a diferencia de Flöge fue precisamente dar el paso de vender la moda y crear una mujer nueva y libre.

P. ¿Qué futuro le ves a la moda en Granada?
R. El futuro de la moda en nuestra ciudad es complicado. No porque no haya buenos profesionales ni buenas empresas, que las hay; el problema es el público. La gente de Granada todavía no valora lo que vale la moda, entonces es muy difícil que aquellos que estudian moda se puedan quedar aquí haciendo un buen ejercicio de diseño a nivel profesional. No valoramos lo que tenemos ni nos queremos gastar lo que vale la moda. Sí gastan dinero en cualquier tienda de la calle Reyes Católicos pero no en un diseñador local. Hay mucha más gente de la que creemos trabajando y diseñando moda aunque sea difícil. Por ejemplo, la marca TANGRAM –cuyos creadores fueron alumnos nuestros– está funcionando bien, continúan haciendo colecciones y están dedicados al traje de fiesta a medida y novias. Pero insisto en que a la gente le sigue costando hacerse la ropa a medida, un diseño especial y único, no tiene esa cultura; prefieren ir a Sevilla a comprar un traje de Victorio&Lucchino o a Rosa Clará, en vez de encargarlo a un diseñador de nuestra tierra que lo puede hacer igual de bien.

P. ¿Influye la situación política y social de un país en su moda?
R. Sí, claro que influye. Los períodos de riqueza económica suponen éxito en la moda. En los ochenta y los noventa es cuando aparecen la gran mayoría de marcas que conocemos en la actualidad: había mucho dinero para invertir en la moda y una política que la fomentaba. También creo que tener líderes y esposas de líderes que apuesten por la moda del país es muy importante porque con ello se fomenta el consumo de la misma, ya sea un consumo responsable como el de Michelle Obama, o todo lo contrario como en el caso de Melania Trump. La misma norma es aplicable a nivel local, en Granada. En cuanto a España me viene a la cabeza la ministra Carmen Alborch, gran consumidora de moda española. Ahora echo en falta políticos que usen e incentiven la moda española, incluso soy bastante escéptico con la Reina doña Letizia: es cierto que siempre va estupenda pero existen más diseñadores españoles además de Felipe Varela.

P. Por último, Carlos, ¿te gusta hacer colaboraciones?
R. Me gusta mucho escribir sobre moda. A nivel personal colaboro con La Guía de Moda, redacto artículos o escribo en blogs especializados porque me gusta compartir y transmitir cosas interesantes que descubro. A nivel laboral en Estación Diseño nos gusta trabajar con otras escuelas de moda o que trabajen en torno a la moda: escuelas de modelos, de maquillaje, de peluquería… donde al final todos nuestros alumnos se nutren. Así por ejemplo, nuestros estudiantes de fotografía acaban fotografiando a alumnos de modelaje. En este sentido las colaboraciones son muy interesantes para la escuela.

Terminamos esta entrevista no sin antes invitaros a visitar nuestra sección «Fashion Reset» en la que Carlos escribe y en la que ya está trabajando para su próximo artículo. Nosotras ya sabemos de qué se trata pues lo hemos pillado in fraganti. No os lo perdáis.

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