Termina la serie “VELVET”, una de las que más han hablado de moda y que más nos han enseñado sobre la trayectoria de la indumentaria en nuestro país.

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​Carlos Sánchez de Medina-@laguiademoda
Termina “Velvet”, una de las series que más han hablado de moda y que más han contado sobre un momento crucial para la historia de la indumentaria: los años 50. Aunque este llena de inexactitudes históricas (siendo elegantes), durante estos años los creadores de las serie nos han contado la imprescindible evolución de la mujer durante los años 50 y 60.

No es mal momento para hacer un repaso de este salto en el que la moda tuvo tanto que decir, y más aún quienes la confeccionaban.

​Es importante empezar por recordar que el tiempo de “Velvet” es un tiempo de postguerra. La serie recogió el testigo de otra serie cuyo argumento giraba en torno a la moda: “Amar en tiempos revueltos”. En ambas series vemos retratadas a estas mujeres que superaron el mundo gris de la guerra por que querían volver a ser elegantes y sentirse hermosas.

La guerra (cualquiera de ellas) arrasa los caminos del arte para dar paso a la denuncia,  alcanzándose cotas altísimas de expresividad. En la moda ocurre justamente lo contrario: la indumentaria de postguerra es siempre gris y funcional. En la segunda guerra mundial y en la guerra civil española las marcas se detuvieron, los diseñadores cerraron sus ateliers y la mujer comenzó a vestir trajes de chaqueta de ásperos paños y rígidos abrigos que escondían cualquier muestra de feminidad.

​Pronto algunos diseñadores se revelaron contra esta austeridad impuesta por la dureza de los tiempos. A la cabeza de todos ellos Christian Dior, que defendió a capa y espada una mujer elegante y refinada, y una moda basada en la delicadeza y la calidad de los tejidos. El New Look de Dior, con sus cinturas afinadísimas y sus grandes faldas, hizo que las mujeres europeas volvieran a sentirse hermosas. Se trataba de una moda que retomaba algunos códigos de antaño, pero que se adaptaba a una mujer moderna que caminaba firmemente hacia el mercado laboral.

Sería demasiado sesgado otorgar este éxito tan solo al maestro francés. Muchísimos diseñadores participaron en la configuración de esta nueva mujer en París: Jacques Fath, Pierre Balmain, Nina Ricci y nuestro amado Balenciaga…  y fuera de Francia otros muchos como Sorelle Fonatana, Greta Plattry, Manuel Pertegaz, Claire McCardell

​Todos ellos inundaron con sus propuestas las mejores revistas del momento. Publicaciones como “Jardín de Modas” llevaron a todos los hogares de Europa un ideal de mujer moderna y elegante que distaba mucho de la realidad de la mujer española que difícilmente podía permitirse un vestido de Dior o de Balmain. Algunos almacenes (como los de la serie) se lanzaron a la creación de sus propias colecciones de moda “inspiradas” en la moda parisina.  Algunas marcas de alta costura brillaron con luz propia en las grandes ciudades. Balenciaga, Pertegaz, Loewe, Santa Eulalia… fueron oasis de la modernidad en la España franquista, pero la realidad es que la industria textil española era casi un cadáver.

La industria se detuvo, pero la moda no, gracias a muchas mujeres que emprendieron el camino de la confección a medida como única forma de mantener la economía familiar a flote. Costuras, modistas, sastras, zurcidoras… en resumen: las que “cosen para la calle”, una expresión popular que resume perfectamente esta figura tan imprescindible en la indumentaria española de estos años.

Muchos tenemos madres, abuelas o tías que cosían para la calle. Estas anónimas heroínas de la indumentaria montaron sus pequeños talleres donde recibían a sus clientas. Copiaban y reinventaban lo que las revistas francesas proponían, y llenaron de modernidad las calles de todas las ciudades y pueblos de España.

​La relación entre costurera y clienta iba mucho más allá que un simple encargo. El acto de ir a la modista era social: El encargo, la confección, las pruebas y el resultado. Esta serie de encuentros (y desencuentros) son recogidos por Jose Manuel Bautista en su serie fotográfica “Through threads”, que ilustra nuestro artículo. Se trata de un proyecto desarrollado en sus estudios de fotografía publicitaria en Estación Diseño.

Ruth Carolina es la diseñadora responsable de los estilismos de la editorial. Un homenaje a las siluetas de los años 50, y a las valientes mujeres de este periodo tan emocionante. Carolina, prepara ahora su segunda colección en las aulas de la escuela. Vivo en primera fila al evolución de este nuevo proyecto, y les puedo garantizar que, si esta es delicada y brillante, la siguiente colección nos dejará a todos con la boca abierta.

​Estos proyectos de fotografía y de colecciones de moda, son el vivo ejemplo de que series como “Velvet”, “Galerías Paradise” o “El tiempo entre costuras” generan tendencias. Por encima de esto, estas ficciones nos hacen conocer a todos estos personajes que tanta importancia han tenido en la moda desde el más absoluto anonimato. Esperamos con ansia una nueva serie sobre moda: el pop inglés, el underground, el flower power… hay tanto por contar…

Carlos Sánchez de Medina Alcina

Fotografía: Jose Manuel Bautista
Diseños: Ruth Carolina González
Maquillaje y peluquería: Amanda Rodríguez
Modelos: Elena Olmedo, Carmen Laura García, María Avalos,
Alba Rodríguez y Ruth Carolina Rodríguez 

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